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martes, 7 de mayo de 2013

Los pies en la cabeza

Venía jactándome de haber vencido mi malenismo. O, al menos, de haberle dado combate: tenía el mismo celular desde junio. Once meses. Casi un año. Incluso hacía bastante que no perdía ni me robaban la billetera, ni los documentos, ni dejaba olvidada la tarjeta de débito en ningún cajero automático. Es posible, pensaba, ser mejor en la vida.  Así que cuando alguien me acusaba, podía presentar estas evidencias como un trofeo, como un derecho de piso adquirido, un premio para alguien que se hizo de abajo.
Pero la vida es perversa, traicionera, y tuve un desliz. Eran las 2 AM y estaba sentada en el cordón de la vereda tomando una cerveza con amigos, un viernes después de la función. Me miré los zapatos. No son. Quiero decir, no son los míos. Eran los de Estela. Los reconocí por esa flor particular que tienen en la punta. Y porque estaban, ahora sí, tan cerca de mis ojos. Durante cuatro horas los había llevado puestos como si nada. Del teatro a cenar, de ahí al barcito. Ningún registro. Como mucho, una cierta extrañeza al caminarlos, algo muy lejano, un pequeño detalle en el taco al cual decidí no prestarle atención. Pero de pronto, la flor. Esa flor en el zapato que me decía a gritos que mi pasado había vuelto, estrepitosamente.
Me eché a reír sin parar. Porque en algunos casos es preferible. Era viernes a la noche y todavía tenía la cerveza en la mano. Además, los zapatos se parecían a los míos. Y en definitiva, pensé, sí que son míos, vamos. Estela es un personaje de ficción, Malena.  
Así y todo, es una realidad: aún sin quererlo, le robé los zapatos a mi personaje. O tal vez fue Estela la que decidió escaparse de ese pueblo de la Pampa seca donde no crece nada más que pasto, sacarse el delantal de cocina, ponerse mi vestido, y salir a caminar por las callecitas de la capital con mis amigos. Asumo que, a esa altura del partido ya me conocía bien, y aprovechó mi mala fama para despistar a eso que separa la ficción de todo lo demás. 

Siendo así, me sacrifico. De ser necesario, lo hago. Devuelvo mis trofeos a cambio de la libertad de un personaje. Dejo de luchar contra mi destino.
¡Vuelvo a perderlo todo!
¡Eso!
¡Vivan la tragedia, la comedia, la historia entera del teatro!
¡Soy una mártir, una heroína!

No. Soy un desastre. Me vuelvo a casa.
Momento.
No sé donde puse las llaves.

martes, 4 de septiembre de 2012

Cuestión de géneros

Ayer me lo encontré a Don Julio y casi le cuento. Casi le cuento que uno de los vecinos, uno que hasta ahora no había cobrado protagonismo, apareció en escena con todo, haciendo de la comedia que venían armando los integrantes de mi edificio nazi, un thriller psicológico. Pero no le dije nada. Simplemente, que debía saber algo que había ocurrido la semana anterior. Le cambió la cara al viejo, se puso contento ante el advenimiento de un gran chisme, de una primicia. Más tarde se lo encontró a Martín y le anotó el número de su casa en un papelito "por si hay algo que haya pasado o pudiera pasar".

La cosa fue así: salgo de mi departamento y "El señor del siete" me está esperando sentado dentro de su casa, casi en el palier, con la puerta abierta y -pequeño detalle- con una cuchilla de cocina en la mano. Luego me entero de que la espera es para protestar por la forma en que cierro siempre mi puerta, la silla, para no esperar tanto tiempo parado, y el cuchillo, para enfatizar su amenaza: "Si seguís cerrando de esa manera te voy a denunciar a la policía por ruidos molestos", dijo y levantó el arma. Dos cosas a mí favor:  una, yo estaba con un amigo, y dos, este hombre no estaba en pelotas. Vale la aclaración porque cada vez que lo cuento la gente me pregunta si estaba desnudo. Rara la gente. No, no lo estaba. Si la película de terror todavía no fue descartada, la idea de una porno ya podemos dejarla de lado.

Yo lloré lo suficiente, durante y concluida la escena, como para que no falte un componente de melodrama. Mi mamá, convencida de que se trata de un policial de acción, quiere ir a tocarle el timbre al hombre, se cree Bruce Willis. Mi papá me acompañó a la comisaría pero no me tomaron la denuncia. Ahora hay que ir con un fiscal, todo está por convertirse en una de abogados.

Por lo pronto, estuve mirando nuevos departamentos para mudarme de este edificio demencial y la verdad es que los precios de los alquileres son un chiste, puede que mi vida siga siendo una sitcom. Una sitcom de bajo presupuesto.

No sé quién está guionándolo todo pero le pido que por favor se apiade, que transforme mi existencia en una comedia romántica de esas que vemos mil veces sin cansarnos. No te digo Notting Hill, puede ser algo un poco más indie pero, en todo caso, que tenga un final feliz. O que a la felicidad se acerque. Eso quisiera asegurarme, al menos. Algo así.

sábado, 5 de mayo de 2012

Mi primer libro

Cumplí 28 años el 28. 
Haciendo honor a la coincidencia, el festejo fue precioso, con gente que quiero un montón, toda junta. Esa sensación de cumpleaños es insuperable, ¿no?: mucha gente que querés, toda junta. Sí.
Se trató de un banquete espectacular, con pastas caseras, cordero (?) , muchas bebidas de todos los colores y un estado cumpleañeril generalizado, ese que te pone un toque pasadito de rosca. Además, recibí regalos divinos. Uno en particular, me parece muy pertinente que se los muestre. Miren:





























Es una edición impresa del blog. Eso, eso que leen. Una edición impresa de todo este blog, Tantoporvenir, desde el 2008 hasta ahora. No está absolutamente todo, pero casi. La edición estuvo a cargo de Martín, y también la impresión de las hojas, el anillado, el forrado a mano de las tapas, todo. No puede más de lindo. Tiene los post ordenados cronológicamente,  y al final un bonus track con los poemas y un cuentito. Shanto. Lo recibí y me puse a llorar. De amor, lloraba. Es muy lo más que el chico que te gusta te regale algo así.
En fin. Hay tres ejemplares. Uno es muy para mí. Ji. El segundo está circulando entre mis amigos. Ahora lo tiene Chicho, y lo llama "El libro de Male". Tremendo. Así que, eso, de repente tengo mi primer libro, che.  El tercer ejemplar todavía no tiene destino. Veremos. 
Lalalala.

lunes, 19 de diciembre de 2011

La novia del mejor

0. Estoy monotemática y me chupa.

1. Fiesta de fin de año del club, me dice. Bueno, vayamos un ratito, le digo.

2. Todo el gimnasio decorado. Guirnaldas, globos y carteles con letras recortadas en papel glasée dorado que forman las palabras BOMBEROS y BÁSQUET, repetidamente.

3. Mesitas con gente. Niños, padres, jugadores, sentados a las mesas, ubicados por categoría.

4. Un show de fin de año conducido por dos animadores. Hacen juegos con el público. Juegos interactivos. Miedo.

5. Llevamos nuestras empanadas, nuestro vino, nuestros vasos, nuestro destapador. Hay quien trajo su heladerita conservadora.

6. Los animadores me eligen para un juego. A mí y a la novia de otro. Nos negamos a ir. Nos aplauden. Al final vamos. Esto es cualquiera.

7. Cuentan que el  juego es bailar al ritmo de la música, en parejas, A LO SHOWMATCH.

8. Mi compañera se niega a bailar. Emprende la retirada, la sigo.

9. Los animadores lo notan. Piden aplausos.Todos hacen palmas. Nos negamos a volver. Los novios toman nuestros lugares.

10. Los novios ganan un champán para toda la mesa, por ser los mejores bailarines de música brasilera. Es que bailaron con una botellita. Menearon las caderas.

11. Entrega de trofeos del club. Le dan una medalla y una gorrita por estar en el equipo de primera división.

12. Pasan un video emotivo. Se trata de fotos editadas por una mamá. Tiene efectos de pelotas de básquet cayendo. Y también el efecto de la foto que gira. Todos los efectos, digamos. Dura como mil siglos.

12. Vamos a fumar afuera. El video fue too much.

13. Anuncian la entrega de premios MVP.

14. WTF OMG, sé muchas siglas pero no sé qué es MVP.

15. "Most Valuable Player", me tira. Una tradición yanki. El mejor jugador de la temporada.

16. "Este premio se lo va a llevar alguien que salió campeón en cadetes. Se fue a probar suerte a otro club..."

18. Apagamos el cigarrillo. Vamos a ver.

19. "No entrenaba hacía un año y medio y me dijo, cuando arrancó el año: si yo sigo jugando así de mal, esto se termina.."

20. ES ÉL. OMFG

21. Que necesitaban gente como él. Que la rompe. Que es un referente.

22. "El MVP 2011 es para...."

23. EL CHINO

24. Ovación. Ovaciónnnnnnnnnnnnnn.

25. Es mi novio.

26. Le piden unas palabras. Me muero muerta.

27. Los nenitos lo bubean. Lo miran como si fuera Magic Johnson.

28. No era subjetividad de minita inlove: ES EL MEJOR POSTA.

29. Vuelve a la mesa. Brindamos con champán.

30. Me llevo todo a casa. El destapador, los vasitos, el trofeo, y al pibe. La tengo re clara.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Cheerleader

Suena el silbato. Dios mío. Empieza el partido, la pelea por el ascenso. La gente arde. Hay tambores, cornetas, chicos con las caras pintadas de blanco y rojo. Somos un montón de gente nerviosa en un club de Ramos Mejía.

VAMOS. 

Sí. Grito. Grito cada vez que hacen un tanto. Aplaudo con fervor. Chiflo cuando el equipo contrario se acerca al aro. Es una locura. Es la final. Y yo no entiendo nada. No entiendo las faltas, no entiendo nada. Y no entiendo, por sobre todo, cómo llegué a ser la novia de un basquetbolista. Yo, con esta "estatura media", con este antideporte encima con el que vivo. No sé. En una época solía ir al gimnasio a hacer bicicleta fija, ¿con eso lo habré conquistado? Llegué a hacer una clase de latino, incluso, que fue muy pero muy triste. Después, bueno, me dediqué simplemente a guardar el carnet vencido en la billetera. Y ahora acá. Las tribunas están repletas: del lado izquierdo, la hinchada visitante; del derecho, la de Bomberos, la nuestra. La nuestra: porque en estos casos, si se habla, es en primera persona y en plural. 

¡Vamos, Chino! Así le dicen acá: Chino. El seis. El GOLEADOR. Yo, que sé su nombre verdadero, siento que tengo muchísima información. Gira, la emboca. Corre, la emboca. Es el mejor de todos. Él me había adelantado que cada tanto pasaba eso: que cada tanto hay magia. Y yo no lo entendía hasta ahora. Me rodean padres, amigos, familiares. Algunos me conocen porque es la tercera vez que vengo, la vencida. Y entonces ya existe la confianza necesaria como para dedicar una cara cómplice de sufrimiento. Porque presenciar el partido es, pongámoslo de este modo: horrible. Esa sensación de miedo permanente. Esa ciclotimia enloquecedora. Ganamos, perdemos, empatamos. Empatamos, ganamos, ganamos, perdemos, perdemos, empatamos, perdemos, ganamos, empatamos. ¡LA PUTA QUE LO PARIÓ! El réferi chifla. Tiempo. Yo no nací para esto. Lo vivo como un mundial. Me voy a fumar un pucho afuera. 

Su papá está dando vueltas por ahí. Se me acerca y le digo: esto es una mierda. Le muestro mis palmas, rojas, irritadas de aplaudir en cada gol. Y hablamos de otro tema, como para bajar un cambio. Vuelvo a la cancha. Los del equipo contrario son odiosos. Tienen esa camiseta verde hórrida. Hay un petiso en particular, que alienta a su propia hinchada como si fuera, no sé, ¿Xuxa?, que me exaspera. Ese y una minita, la novia de alguno, que se vino en unos minishorts desubicados y se hace la linda. Mátenlos.

Arranca todo otra vez, pero con el doble de potencia. Las hinchadas gritan enloquecidas. Los tantos se festejan con intensidad plena, la gente se para. El chino la rompe. Pero pasa algo terrible: a nueve segundos de terminar el partido, nos empatan: 61 a 61. A nueve segundos de ganar, nos empatan, y todos los bomberos queremos morir.

Y entonces el tiempo sumplementario  y rezar. Porque esto es una fuckin ruleta.

Perdemos
Ganamos
Ganamos
Empatamos
Perdemos
Perdemos
PERO LA CONCHA DE LA LORA.

68 a 65: ganan ellos. Quedan dos segundos de partido. DOS y ... última oportunidad: una falta.

Lanza al aro un pibe que tiene treinta y pico de pirulos. Es su último partido y con este se retira para siempre. Si mete los tres tantos: héroe indiscutible del clú.


El primero: ¡adentro! Miedo. Esperanza y miedo de muerte, todo junto.

El segundo: ¡ADENTRO Y LA PUTA MADRE QUE LO PARIÓ!

El tercero: Me siento en una película yanki. En esas de baseball en las que el que el niñito  tiene los tres tiros y le pega a la tercera de home run y se hacen campeones y lo levantan entre todos los del equipo y ¡aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!

Pero no. No entra. Perdemos.
Los del otro equipo copan la cancha entera con un cantito sobre ser campeones.

Nos quedamos esperando a los jugadores afuera. Suegro se me acerca otra vez. Me pregunta si ya reservamos para las vacaciones. Uruguay es muy caro, me dice. Yo le digo que como acá. Porque vi un montón de magia por primera vez y no me importan las malas noticias. 

¿Sigo siendo tu deportista favorito? me pregunta El chino en el tutú, antes de ir al kiosko a clavarnos una hamburguesa completa. Sí, le digo, de todo el mundo. Y arrancamos.

martes, 22 de noviembre de 2011

Cambio de planes

Iba a contarles que mi piloto fue el tercer abrigo que perdí en la semana. No era muy gracioso pero lo había titulado "Y dónde está el piloto" y con eso ya me contentaba, pero lo cierto es que acabo de encontrarme con Don Julio, mi vecino facho, en la puerta de casa. Vestía bermudas y chancletas, porque llegó el verano:

Julio
¡Malena!

Julio fue más efusivo que nunca. Me saludó, no con uno, sino con dos besos y un miniabracito, como si realmente me quisiera.

Male
Hola, Julio, ¿cómo andás? 

Julio
¡Malena! Bien, bien, estoy bárbaro.
Oíme, no te tengo chimentos sobre la última asamblea del consorcio.
Porque, ¿sabés qué? Resulta que justo vino una prima mía. Parece que 
se enteraron otros familiares y vinieron a acompañarme, así que me las tomé. 


Para los que no conocen la historia, cuando Julio dice se enteraron se refiere al hecho de que su mujer huyó de un día para el otro con todas las joyas.. Y cuando dice prima, bueno, qué sé yo, ¿no? Para mí que se trata una alegría que tiene por ahí. 


Julio
Así que no tengo noticias, jeje. 
¡Pero es importante saber! Ya Carlos me va a contar bien.
 Porque de ese modo uno ya conoce con quién trata.
Vos sufriste esa vez
y yo estuve al lado tuyo para acompañarte, eh.

Male
Bueno, pero ya pasó, Julio. 
¡Me repuse!



Julio
Es que hay que saber con qué bueyes uno ara, ¿no es cierto?
A quién uno saluda, a quién no, a quién uno saluda más o menos. 
O con quién hay buena onda. ¡Decime si no!

Male
Sí, tal cual, tal cual.

Julio
¡La vida es así!
¡Ce la vi!
¡is laif!
¡Malena!  ¿Du iu spic inglis?

Male
(¿WTF?)

Julio
¿Du iu spic inglisss?
¡Ai spic!
 ¿Iu spic?


En realidad no me sorprendí tanto. Esto ya me había pasado. Y no me pregunten por qué, pero nunca puedo cortarle el mambo y contestarle en español. 
Male
Yes, yes ai spic.

Julio
¡Oooooooooooooooooooh!
¡Ai think iu spic onli germani!
¡Bat iu spic ingiss!
 ¡is greit is greit!

Male
Jeje... Yes ... greit.

Julio
Bueno, Malena, que tengas un muy buen día.
¡Saludos a Martín!
Y te mantengo al tanto de la asamblea, eh.

Male 
Dale, Julio, le mando.
Buen día para vos también.

Qué buen humor que me agarró después. Por Julio hay que dejarlo todo. Además, ya no tengo mucho que perder. Ni abrigos ni celulares. Me guardo lo del piloto para otro día. 

sábado, 29 de octubre de 2011

Espuma

Me bajo de un taxi con la cartera abierta, siendo fiel a mi estilo. Lo groso es ver cómo crecí. Ahora cuando me bajo de un taxi me fijo a ver si dejé algo: celular, billetera, llaves, pequeños detalles que suelo descuidar en este tipo de casos, y en tantos otros. Entonces la veo: una billetera negra sobre la alfombrita de goma. No es mía, la mía es amarilla. No puedo creerlo. Sirve fijarse. O sea, me fijé por las dudas. Por mis propias dudas, digamos, y encontré las de otra persona. Yo, que pierdo mis pertenencias por doquier, encuentro las de otros constantemente, y las devuelvo. Dios es re gracioso, si es que existe y se dedica a manipular las escenitas de mi vida. Es de mujer, la billetera. La agarro; tiene plata, tiene tarjetas de crédito, tiene de todo. Estoy fuera del auto, pero con el torso adentro, revisando. El chofer mira: entiende. Alguien se la olvidó, le digo mientras el tipo me saca la billetera de las manos, y con ella, mi oportunidad de convertirme otra vez en una heroína. Es que arriba del coche se olvidan de todo, justifica. ¿La vas a devolver?, le pregunto y pienso que no, que no la va a devolver un carajo, que no entiendo cómo hizo para agarrarla si la tenía yo, que todavía estoy a tiempo de meterme en el taxi, de recuperarla, que tal vez forcejeemos, que, bueno, que no da llegar a tanto, que tampoco la pavada, que mejor me bajo, pero que yo la hubiera devuelto, que ojalá sea un buen chabón, y que yo soy una pelotuda importante. ¿Me quedo tranquila de que la vas a devolver? Repregunto, porque su primer "Sí" no me convenció, y también para sentirme un poco más idiota, para ir a full con mi taradez. Su "Sí, sí" confirma dos veces mi sospecha. "Ojalá", le respondo con una decepción anticipada, y cierro la puerta. El auto sale, no es de los tacheros que esperan a que entres, y esto se convierte en  un dato horrible. Mi vecino está baldeando la vereda en overol y botas de lluvia. No sé por qué insiste con vestirse de portero. Quiero contarle lo que pasó, quiero contarle a alguien. Pero lo saludo, nomás. Es viernes, 1.30 AM, y la entrada de casa está llena de espuma.


viernes, 14 de octubre de 2011

OH MY BLOG #OMB

Me llega un mail a las 11 am. Es de Oblogo. Que llame a tal teléfono, que hay una noticia. Se confundieron y me mandaron un mail a mí que no era para mí, es obvio, pienso. Pero no, que es para mí, me responden. Y llamo.

WTFFOAOTFBFOTBF ? ? ¡! WHAT THE FUCKING FUCK OF ALL OF THE FUCKING BLOGGERS FUCKERS OF THE BLOGSPOT FUCK???? %#!$"#"#%$()???


ME ESTÁS JODIENDO
le digo

¿¿¿¿QUÉ????
le digo

QUE EL JURADO ELIGIÓ TU POST COMO GANADOR PARA EL PREMIO OBLOGO HIPOTECARIO 


QUE HERNÁN CASIARI, GUSTAVO NIELSEN Y ESTHER FELDMAN 


QUE TE GANASTE TRES LUQUITAS


QUE TE ANOTES EN LA FIESTA ASÍ RECIBÍS EL PREMIO


QUE VAS A TENER QUE DECIR UNAS PALABRAS



This is too fuckin fucker blogging much,you fucking blogspot piece of bloggggggggggggggggg.

DIOS MIO Y LA VIRGEN SANTA

Y LA CONCHA DE MI MADREEEEEEEEEEEEEEEEE.

LA LLAMO A MAMÁ.

¡Clarooo, te eligió un grupo de expertossssssssssssssss! ¡Le voy a contar a todo el mundo!, me dice. Y todo el mundo empieza a llamarme.

El jueves ese, seguramente me emborrache.Voy a subir al estrado completamente pasada de whisky, le voy a dedicar el premio a todos los bloggers que siempre me acompañaron y, antes de irme, diré al micrófono: gracias, APTRA. Una vez a un profesor mío de teatro le pasó. Fue a recibir un premio ACE y dijo eso, "Gracias, APTRA", jaja. Ay, qué genial todo. Me fui por las ramas.



lunes, 5 de septiembre de 2011

Ustedes serán mi envidia

UNO
Este sábado 10 de septiembre, justo ahora, que ya no hace frío y entonces pinta la juventud otra vez en nuestras vidas pero no sabemos dónde depositarla, va a haber una fiesta zarpada en genial. Yo me voy a morir de ganas de disfrutarla pero estaré sirviéndoles tragos baratos a todos ustedes. Bueno, que la disfruten, ¿saben? Les dejo la data porque soy una re copada, realmente. O sea, supero la envidia, les paso la información, los hago ser felices. Al menos vengan y compren todo ese alcohol que tenemos pensado venderles por chirolas. Es más, sugiero que le pasen la data a sus amigos porque de otro modo ellos morirán de envidia si se llegan a enterar más tarde, y es muy feo que un amigo muera así. Bueno. Nada, qué sé yo, fíjense, manéjenlo. Pásenla bomba por mí. Y si quieren entradas anticipadas a 10 pé, me avisan; porque encima eso, la entrada es irrisoria. Dios mío.



DOS
Vuelve Mandinga y yo no voy a poder ir. La puta que lo pariooooooooooó.
Les dejo la data, otra vez. ELMIÉRCOLES SEAN FELICES SIN MÍ.





TRES
Y SI TODAVÍA NO CAPTARON LA GROSITUD DE LA QUE HABLO:



Nos vemos el sábado.http://www.facebook.com/event.php?eid=260204670666305

martes, 16 de agosto de 2011

Fumando espero

Tranca, en algún momento reflotará este blog, le tenemos fe.

Por lo pronto, acabo de venir de la carnicería. El tipo me miró, antes de entregarme la nerca, con mucha intensidat y preguntó: ¿Vos le cocinás? Sí, le dije. Él hizo un gestito como de "Mirá qué bien" y mientras me daba el paquetito agregó: Ponele mucho limoncito, después contame cómo te fue. Ya la vez pasada había sido raro el comentario que lanzó, "A mí también me gusta más el ancho que el angosto", riendo. Fuerte. Bueno. Eso era. Como para levantar un poquito la cosa. Me voy a poner el delantal. Btw, el delantal es digno de la gente que no cocina nunca, ¿no? Como esos que se van a un recreo de Tigre y se visten de expedición Robinson, ponele.

miércoles, 29 de junio de 2011

Twitter me está cagando la vida

Y cuando digo vida digo, esto, la vida, la vida computadoril. No puedo escribir nada que tenga más de ciento cuarenta caracteres. Escribí "ciento cuarenta", en vez de 140 para alargar un poco más la cosa pero, posta, estoy hecha una pelotuda y nadie ni nada podrán evitarlo. Tengo un par de cosas muy malas escritas para corregir y llevar el jueves al taller, que son un poco más largas que un tuit, pero verdaderamente vergonzosas. Atrás quedaron ya los tiempos de publicaciones en famosas revistas bloggers, comentaristas por doquier (?) avivando la llama del bubismo. No. Está todo mal. Todo como el orto.


Igual mi vida posta va re bien, o sea que tranquis.
En breve espamearé con nuevos estrenos en el off del off del off del off del off del teatro porteño.

miércoles, 13 de abril de 2011

Qué más podés pedir

Te bajás de un taxi porque preferís pagar dos veces antes que soportar al imbécil que maneja. Chau, señor, me bajo acá, le decís. Al toque, sobre Federico Lacroze le hacés señas a otro. Te sube. Adentro hay olor a nuevo. Es martes a la madrugada y de fondo suena Cacho Castaña.

viernes, 1 de abril de 2011

Falsa alarma

Para todo aquel que me vea en el bondi muy concentradísima con mi celular, enviando y recibiendo mucha info importante como si tuviera internet en el aparatito o fuera una chica super popular, sépanlo, no es eso: estoy jugando al sudoku.

jueves, 17 de febrero de 2011

Todo todo me recuerda a tí


Con bufanda, orejeras, camiseta y calza térmicas, polera, remeras varias, sweater, pantalón, cuatro pares de medias, guantes, y frío, me encontré con el museo de Helmut y, sabelo, pensé en vos, blog: Hola, ya volví.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Boomerang

        De pronto quiero devolver celulares encontrados en taxis. Quiero hacer justicia por todos los teléfonos que alguna vez  dejé olvidados y que nunca cayeron en manos tan buenas como las mías. Me creo buena persona.  Siento que puedo cambiar el mundo. Porque este teléfono es pulenta, mucho más lindo que el mío.  Es de una chica, me entero porque llama y atiendo. Tendrá, qué, veintidós años, ella. Que se quede tranquila, le digo, que yo soy re capa y se lo voy a devolver.  Se llama Fátima. 
      Corto y me pongo a revisar su bandeja de entrada. "Manu" no para de aparecer como remitente, empiezo a investigar. Soy Sherlock. En elementos enviados se ve que ella gusta de él, le escribe con excusas estúpidas. Con los días la cosa se pone más literal y ya directamente lo invita a tomar un mate a la casa. Él acepta. De otro, un tal Nehuén, le llegan mensajitos hace poco. Histeriquean. Nehuén le tiene ganas, nada serio. Y cada tanto, aunque hace varios días que ya no, hay mensajes de un Juan Andrés que responde a los "Hola, quería saber cómo estabas, perdón si te jode" con los que Fátima arranca una seguidilla insufrible de sms. Tan ex. Él le dice que la ama, entre palabras tales como "pueblo", "camioneta" y "gordi". Ella no se puede desprender. No puede soltarlo. Si Manu le diera bola, ya no le escribiría más. No se sabe de dónde es Fátima (su número de teléfono es larguísimo), pero sí que sus gustos musicales son amplios: Arjona, Ricardo Montaner, Andrés Calamaro, Guasones. Cierro el teléfono.
       No puedo evitarlo, lo vuelvo a abrir y encuentro fotos guardadas en la memoria del aparatito: él, con el pelo alisado, arriba de un caballo. Los dos arriba de un caballo. Fátima estudiando. Un perro arrugado. Un departamento vacío. Él y Fátima en el obelisco. Los dos con el perro. Los dos besándose. Los dos en un auto. Fátima sonriendo de perfil. Fátima sonriendo del otro perfil. Fátima con un vendaje en la nariz. Fátima con un vendaje en la nariz.  Fátima sonriendo de perfil con una nariz enorme. Más fotos del perro arrugado. Él en un tractor. Él, claramente, es Juan Andrés. Daban bien juntos.
       El taxista me interrumpe. Me pregunta si es ahí y, No, le digo. Cruzando. Un poco más adelante. La de la reja.


jueves, 28 de octubre de 2010

En tu trabajo, por ejemplo

llegás y saludás a la compañera copada que tenés pero con la que no hay tanta confianza. La saludás con un abrazo largo y silencioso y entonces ella habla:

"Ahora más que nunca."

"Más que nunca.", replicás. Y cada cual arranca con su tarea.

Al minuto llegan tus jefes; nadie más va a hablar del tema.

sábado, 16 de octubre de 2010

La ridiculez

es que, para otorgarte un viaje gratarola a la tierra prometida, una institución solicite tu "certificado de judeidad" y que éste sea, en efecto, el papel que acredita que tu padre ex budista, gestáltico y gay se casó con tu mamá en un templo de Villa Crespo allá por el año ochenta y tres.

lunes, 30 de agosto de 2010

El dinero no es todo, pero cómo ayuda

Me llega este mail a la bandeja de entrada de mi correo electrónico

No te olvides de mí. Saludos.

Si negamos la parte de que quien firma es el administrador del edificio y que el subject fue "Expensas", creo que lo de saludos, es cierto, puede resultar un toque frío, pero que aún así  el mensaje es bastante digno de ser recibido un domingo a la noche de seudo Santa Rosa. Qué sé yo, digo.

domingo, 1 de agosto de 2010

La vida por un par de zapatos

Por primera vez salimos de paseo en auto con las chicas, y en uno cero feo que se la re bancó.  Muy enorgullecedor ver a una amiga al volante. Como que te sentís grande pero joven. Es lo más. Y encima con día de sol y el objetivo de ir hasta la loma del orto sólo porque hay unas chicas conchetas de San Isidro que venden los borceguitos divinos que querés, pero a precio de fábrica.

Nos emocionaba toda la idea, pero mal. Y cuando ya estábamos todas arriba del auto, tuvimos que gritar un poco. No sé por qué no nos atemorizaba eso de que fuese la segunda vez que Mari manejara sin el papá de copiloto por los barrios porteños. Al contrario, nos daba una suerte de adrenalina, qué sé yo, conformar esa imagen de cuatro mujeres aventureras viajando por el conurbano en busca del calzado ideal.

El choque de coté contra el auto estacionado mientras andábamos por la avenida, digamos que fue lo peor.  Ahí como que apareció lo del miedo de muerte. Pero igual todo bien porque no fue nada, un ralloncito. Y algunas puteadas del dueño,  obviedades.  A lo largo del viaje,  Mari esquivó a varios coches contra los que casi nos dábamos de una. Hubo un hijo de puta en particular que cruzó zarpadamente rápido por la izquierda. Tiene buenos reflejos Mari, y Nati es genial copiloto, esa combinación como que nos salvó.

Pero después del emocionante temita de la autopista, llegamos hasta una casa diina en Zona Norte en la que unas rubias te vendían zapatos mientras te convidaban limonada en un fondo con jardín y mesas con venecitas de colores. Eso no tiene precio. Bueno, sí tiene, y es en efectivo. Pero me refiero a que todo valió la pena. Quiero decir, las idas, la vueltas, las veces que doblamos hasta encontrar Álvarez Thomas y, sobre todo, nuestras vidas por ese final feliz de sábado soleado de invierno en una parri, comiendo bondiola, cada una con su par de zapatos nuevos.

Ahora, muero por estrenar los míos, una suerte de trofeo femenino ganado frente a la adversidad. Muero por eso pero sobreviviré. Sí. Volveré y compraré millones.
 
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