jueves, 6 de agosto de 2009

La tierra prometida

La sesión terminó con que yo le decía "Pero para qué llegar a ese punto" Entonces ella me repitió la frase. Repetir la frase es signo de que termina la sesión. Y las dos nos levantamos. Le pagué, me puse el sacón de mi abuela Rosa, me colgué la cartera y después el típico "Nos vemos el martes." En realidad lo típico es los jueves, pero el jueves que viene ella no va a estar y me dijo lo del martes, entonces. Seguro que me olvido de ir. Me cambia de día y me olvido, yo.
Cuestión que salgo al pasillo. Es de esos edficios modernos (es nuevo, es enorme, y creo que mi terapeuta es una de las tres personas que lo habitan), donde los pasillos al aire libre forman una especie de hache con los ascensores en su centro. Siempre me equivoco cuando salgo del ascensor: suelo irme para el lado del departamento D. Cuando dejo el consultorio, sin embargo, llegar al ascensor siempre es una pavada, porque me voy por otra puerta que desemboca directamente en el medio de la H. Toco el botonito para llamarlo. Y espero.
Espero.
Espero.
Ya estaba hablando por teléfono con mi hermana cuando decidí meterme por una puertita que supuse me llevaría a las escaleras de servicio. Asumí que el ascensor no vendría nunca y la posibilidad de acudir a mi psicóloga fue una opción que tuve que descartar de toque, de tan obvia. Con Paloma hablábamos de judaísmo -sí- y de salir sorteadas en ese viaje donde un grupo de sionistas te lleva gratis a conocer Israel -y a lavarte el cerebro-; y yo mientras tanto bajaba por las escaleras de cemento alisado y ya no sabía por cuál piso andaba, hasta que me topé con una puerta negra que seguro me llevaría a la planta baja. A la realidad, por fin.
Tuc. No abría.
"Debo estar en el subsuelo", pensé mientras coordinaba con mi papá una salida al cine para el día del niño: él pretendía que nos encontráramos a las 9 am.
Volví a subir un piso. El numerito sobre la pared indicaba "2". Algo estaba mal. Volví a bajar. ¿Quizás no había visto que las escaleras seguían? No. Era hasta ahí, hasta la puerta negra: ese era el fin. Volví a intentarlo. Tuc. No abría. Bueno. ¿Qué onda? Volví a subir. Toqué el botonito: no venía. "A las 9 de la mañana un domingo, no, papá. No hay funciones a esa hora, además; no divagues." Volví a bajar. Basta, por algún lado tiene que poder salir esta gente, me dije. Y se lo dije también a mi papá que a esta altura ya estaba enterado del laberinto que tiene mi psicoanalista por consultorio. Tuc. Tuc. No había caso. Me imaginé encerrada ahí al anochecer, con la última frase de la sesión rebotando en las paredes de la salida de emergencia.
Saben, hay momentos en la vida en que todo se vuelve literal. En esos momentos, aconsejo: lo mejor es pensar que las puertas quizás pueden ser vaivén: prueben con empujarlas por su lado izquierdo.

15 comentarios:

  1. Me mata el tuc!!

    pd: de una que no hay cines a las 9 de la matina o si? Igual, grande tu viejo!

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  2. Cuando entrás a Israel te dan un cosito de metal con tu nombre y no se que otros datos, como a los soldados. Es por si te morís. Y como allí la onda es morirse mediante bombas y eso, tipo que no quedan restos de tu cuerpo entonces te "reconocen" por el cosito ese de metal.
    Dicen.

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  3. pd:
    los domingos no tienen mañanas, es sabido.

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  4. martín. no, claramente que no. Y aunque existieran, plis: hasta te diría que cuando se pone tan maníaco lo prefiero depresivo. lalalalá.

    Manoel. naaaaaaaa. re da decir "Siestoymuerta Conchudodelorto", cuando te pidan nombre y apellido.

    Me hiciste acordar a una obra uqe ensayaba los domingos a las 7 am. Te juro. 7 am. Me deberían haber internado. No fue hace mucho.

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  5. jaaaaaaaaaaaaa
    maleniiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
    jajajaja


    la puerta de mi psico tambien tiene esa caracteristica! pero el me acompaña hasta abajo.
    creera que no soy capaz de hacerla abrir?

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  6. Yo siempre tengo problemas con el tire y empuje, pero esto no me extraña, si preguntó por vos en un prostíbulo tranquilamente puede pensar que hay cine a las nueve de la mañana.

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  7. nana: Pará, me estás diciendo que podrías irte sola pero que el man igual se va hasta la puerta de entrada a acompañarte??? O es el psicólogo más caballero del mundo o realmente tu horrorosa teoría es lo que pasa de hecho. Yo te quiero igual, amiga.


    Myv: Sí, esas cosas que en el momento no lo son pero que cuando las contás, sí. Qué feo cuando pasa justamente al revés, viste?

    Pablo: Ah, a mí me cuestan las dobles negaciones. Aunque negar que mi padre es un chiflado no me cuesta mucho. Dobles, triples, cuantas veces quiera, me sale.

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  8. sone que me decian antisemita. pero si yo tuve un novio judio y ahora tengo una amiga judia y hasta pienso en hacerme judia para viajar con male a la tierra prometida (de nuevo).

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  9. Me hiciste pensar por que siempre cuesta saber cual es la puerta del consultorio de la psico cuando vamos y no cuando salimos...sera por que a la salida nos queda la cabeza ocupada en otra cosa ( como que me quiso decir...) y en lo otro que pense es por que las escaleras de los edificios ajenos nos taran y tenemos la falsa ilusion que nos llevan a un mundo desconocido...

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  10. belen: será que la amiga judía que tenés, si es que te referís a mí, es antisemita también? entonces te da culpa, culpa judía? y soñas con eso?
    digo.


    mari. Claramente lo único que nos interesa es salir rapido de ese fukin lugar, no hay nada más feo que la salida sea complicada! Es verdad lo de las escaleras ajenas... pasa mucho cuando vas a terrazas. Pero llegar a terrazas es una sensación tan buena, y tan veraniega que ahora no puedo tolearla, te juro.

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  11. ah


    yo estoy al derecho
    dado vuelta estás vos
    lalala

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  12. sí, o..yo estoy al izquierdo y odad atleuv satse sov

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  13. ¿como el disco de divididos Otroletravalaadna?
    ok, voy y vuelvo.

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  14. eh! es cierto que te acostás tardíiiiiisimo

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