miércoles, 17 de noviembre de 2010

Quiero estresarme pero no me sale

Que la conchuda milicoide que me revisó la cartera antes de entrar al Luna Park me haya hecho tirar mi perfumito comprado en frishop por considerarlo peligroso fue, para dejarlos tranquilos, el peor momento de la noche. Pero como no le quedaba demasiado liquidito al frasco, al toque me olvidé. Además, veníamos de un precalentamiento muy genial en lo de Nico: sobre un karaoke de computadora y con el micrófono desconectado hicimos, a dúo compenetradísimo, covers de Alanis, Roxette y Lady Gaga. ¿Quién hubiera tenido el tupé de detenernos?

Llegamos sobre la hora pero conseguimos lugar privilegiado en la escalera. Tarareamos, aplaudimos, bailamos. Y cuando ya nos habíamos creído que éramos el mejor público y que Argentina y que blablablablá, Stewie se bajó del escenario y, totalmente buena onda y saqueitor, se dirigió con su micrófono hacia la popular del Luna. Más precisamente hacia el lado izquierdo, donde por casualidad habíamos comprado la entrada con Nico casi a último momento. De hecho, recuerdo esa compra online y haber pensado: entre la izquierda y la derecha, yo prefiero la izquierda. Y entonces ya no importó el cuartel de chongos de seguridad que con sus lucecitas verde láser apuntaba constantemente a la platea para controlar desmanes que todavía no existían: todos los popuindies nos dirigimos hacia la estrella antilook que venía increíblemente hacia nosotros. No a unos metros. No cerquita, sino hasta acá. Al lado. Caminando entre nos, para poder toquetearlo y gritarle con los brazos levantados y más tarde seguir cantando sus canciones sin sabernos las letras; una multitud éramos, haciendo "Nananananaá nanananá". 

En el medio del quilombo, nos atrevimos a pasar la valla hacia las entradas caras y rebelde, grosa, me la re creí. Ahora, qué zarpado cuando me di cuenta de que ya no tenía el celular en el bolsillo del jean. El segundo momento de mierda. Imaginé diciéndole a mi jefe macrista que lo había perdido en un recital de Belle and Sebastian. Nonononó: abandoné a Nico y me fui a buscar el aparato debajo de las butacas de atrás, por si lo había perdido al hacer la maniobra de un sector al otro. Y, ay, efectivamente, ahí estaba mi quincuagésimo teléfono de la vida, con la batería tirada por un lado, la tapita por otro: pero sí, todo ahí, pobrecito, en el piso.

Al no encontrar lugar en las pizzerías, repletas de indies hambrientos, hubo un tercer intento de estrés, muy leve, que no causó. Porque al final pegamos mesa larga en Banchero para todos los amigos que nos fuimos encontrando a la salida, y le entré a  pizza power por segunda vez en el fin de semana. Aunque en realidad ayer fue lunes. Y hoy, claro, debe ser martes. Y es noviembre pero siento que es diciembre. Será porque estoy planeando evento comercial navideño desde junio y eso es mucho más quemante de lo que uno cree. O porque en noche buena ya voy a estar arriba de un avión hacia el otro lado del charco. Como sea, necesito birras, y al final eso es re fácil: el clima amerita tomarlas en un barcito al aire libre cualquier día de la semana. 

2 comentarios:

  1. Si necesitas stress yo se como podes tenerlo, soy especialista, en cuquismo, stress, planteos y otras yerbas....
    Que bueno que no perdiste el celu!!!! ahora puede ser de tu equipo de multiples perdidas de celulares....

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  2. Nono, ya sé que con vos puedo contar. Igual para mí que en venecia nos desestresamos seguro. Digo.

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